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El proceso innovador supone generar e interaccionar ideas que producen las personas. Se puede dar el conflicto entre ideas y que, obviamente, pueden llegar a conflicto entre personas.

La organización innovadora puede, a primera vista y para algunos, resultar una contradicción, especialmente para aquellos que consideran que la palabras 'organización' y la palabra 'innovar' no casan bien y que es preferible el binomio desorganización creativa para innovar. Pero, de entrada, soy partidario de organización para conseguir los fines propuestos, esto es, innovar. No es fácil, es necesario decirlo, el crear una organización que esté basada en una cultura de innovación y que la lleve a buen fin.

Al hablar de Innovación, como de cualquier otra actividad, muchas de estas discusiones o preguntas para el debate quedarían resueltas si se definiese previamente el espacio cartesiano que define el objeto de la misma. En este caso pasaría por definir ¿qué es ser innovador?

Reconozco, vaya esto de entrada, que traigo "procrastinar" un poco a la fuerza para aprovechar el tirón que últimamente tiene la palabra.

Existe la creencia de que la Creatividad y la Innovación son incompatibles con la disciplina y la estructura. ¿Es un mito?

 La posición relativa de España en I+D+i ha sido recientemente analizada (Marzo 2014) en publicación del FECYT.

La Innovación, como paso último en la cadena de valor del conocimiento desde la invención hasta el demandante, es el proceso más visible de toda la cadena y al que exigimos mayor rapidez en los resultados.

La innovación suele estar asociada, en muchas ocasiones, a nuevos conocimientos.

Las percepciones son una fuente importante para iniciar proyectos de innovación. Son individuales o colectivas pero no dejan de ser sensaciones, opiniones, estados de ánimo, apreciaciones... basadas en un estado puntual de análisis y no asociado, necesariamente, a datos objetivos. Son eminentemente subjetivas.

La innovación se presenta como la palanca que permitirá salir de la crisis, tanto a  las empresas como al país. Es un mantra pesente en todo momento pero es difícil cuantificar su impacto real en los resultados de las empresas. Si las compañías no tienen claro cuánto valor pueden captar con su esfuerzo en innovación, lo más probable es que no innoven tanto como debieran.